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  • Estrés vinculado a un mayor riesgo de accidente cerebrovascular en mujeres jóvenes.

    Un nuevo estudio publicado en Neurología sugiere una preocupante relación entre el estrés y el riesgo de accidente cerebrovascular en mujeres jóvenes. Los investigadores descubrieron que los niveles moderados de estrés se asociaban con un aumento del 78% en el riesgo de accidente cerebrovascular en mujeres, una conexión que no se observó en hombres. El estudio examinó datos de casi 900 europeos de entre 18 y 49 años, explorando el impacto potencial del estrés en la incidencia de accidentes cerebrovasculares.

    Un nuevo estudio publicado en la revista *Neurology* ha revelado una preocupante conexión entre el estrés crónico y un mayor riesgo de accidente cerebrovascular en mujeres jóvenes. La investigación indica que el estrés moderado, en particular, eleva significativamente este riesgo, un fenómeno no observado en hombres. Este hallazgo subraya la importancia de comprender los factores estresantes únicos que impactan a las mujeres y explorar medidas preventivas adaptadas a sus necesidades.

    El hallazgo central del estudio gira en torno a la disparidad en el riesgo de accidente cerebrovascular entre géneros al considerar los niveles de estrés. Los investigadores descubrieron que el estrés moderado se asociaba con un sorprendente aumento del 78% en el riesgo de accidente cerebrovascular en mujeres. Este importante aumento del riesgo destaca la posible vulnerabilidad de las mujeres jóvenes a los efectos perjudiciales del estrés en su salud cardiovascular. Notablemente, el estudio no identificó una correlación similar entre el estrés y el riesgo de accidente cerebrovascular en hombres, lo que sugiere un mecanismo específico de género en juego.

    Para investigar esta conexión, los investigadores analizaron datos de salud de 426 europeos, de entre 18 y 49 años, que habían sufrido un accidente cerebrovascular sin causa identificable. Estos individuos fueron comparados con un grupo de control de 426 personas sanas que no habían sufrido un accidente cerebrovascular. Todos los participantes completaron una encuesta de 10 preguntas diseñada para evaluar sus niveles de estrés, y se les preguntó específicamente a los pacientes con accidente cerebrovascular que recordaran sus experiencias de estrés en el mes previo a su accidente cerebrovascular. Una pregunta como, “¿En el último mes, con qué frecuencia ha sentido que no podía controlar las cosas importantes en su vida?” ejemplifica el tipo de indagación utilizada para evaluar el estrés percibido.

    Los resultados de la encuesta revelaron una clara distinción en los niveles de estrés entre los dos grupos. Aproximadamente el 46% de los pacientes con accidente cerebrovascular informaron experimentar niveles moderados o altos de estrés, en comparación con solo el 33% del grupo de control sano. Esta diferencia en los niveles de estrés reportados proporciona una base para la correlación observada entre el estrés y el riesgo de accidente cerebrovascular. El investigador principal, el Dr. Nicolas Martinez-Majander, neurólogo del Hospital Universitario de Helsinki en Finlandia, enfatizó la necesidad de más investigación para desentrañar las razones subyacentes de esta vulnerabilidad específica de género.

    Varios factores podrían contribuir a los niveles de estrés autopercebidos más altos observados en las mujeres. Los investigadores especularon que los factores sociales y psicológicos podrían desempeñar un papel crucial. Las mujeres a menudo navegan por múltiples roles exigentes, incluido el trabajo, las responsabilidades familiares y el cuidado de personas dependientes, lo que puede conducir al estrés crónico. Esta constante gestión de compromisos y la presión para sobresalir en todas las áreas pueden afectar significativamente su bienestar mental y físico. En contraste, los hombres pueden mostrar una asociación más fuerte con otros factores de riesgo establecidos para el accidente cerebrovascular, como el consumo excesivo de alcohol, que se ha relacionado previamente con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular.

    Además, los investigadores reconocieron que las normas sociales y los roles de género podrían influir en cómo se percibe y se informa el estrés. A los hombres a menudo se les socializa para suprimir las emociones y “aguantar”, lo que podría conducir a la subinformación de los niveles de estrés y potencialmente sesgar los resultados del estudio. Este sesgo cultural en la información sobre el estrés podría explicar parcialmente por qué no se observó un vínculo directo entre el estrés y el accidente cerebrovascular en hombres dentro del alcance de este estudio.

    El Dr. Martinez-Majander destacó los factores estresantes comunes experimentados por las personas más jóvenes, señalando que “las personas más jóvenes a menudo experimentan estrés debido a las demandas y presiones asociadas con el trabajo, incluido el horario prolongado y la inseguridad laboral, así como las cargas financieras”. Amplió además las implicaciones más amplias del estrés crónico, afirmando: “Investigaciones anteriores han demostrado que el estrés crónico puede afectar negativamente la salud física y mental”. Esto refuerza la comprensión de que el estrés no es simplemente un fenómeno psicológico sino que tiene consecuencias tangibles para la salud y el bienestar general.

    Los hallazgos del estudio no son concluyentes y requieren más investigación. El Dr. Martinez-Majander enfatizó la necesidad de más investigación para comprender “por qué las mujeres que se sienten estresadas, pero no los hombres, pueden tener un mayor riesgo de accidente cerebrovascular”. También pidió la exploración de “por qué el riesgo de accidente cerebrovascular en mujeres era mayor para el estrés moderado que para el estrés alto”. Este llamado a más investigación subraya la complejidad de la relación entre el estrés y el accidente cerebrovascular y la necesidad de una comprensión más matizada de los mecanismos subyacentes. En última instancia, una comprensión más profunda de cómo el estrés afecta la salud de las mujeres podría allanar el camino para desarrollar intervenciones y estrategias preventivas específicas para reducir su riesgo de accidente cerebrovascular.

    Un nuevo estudio revela que el estrés moderado aumenta significativamente el riesgo de accidente cerebrovascular en mujeres jóvenes (un aumento del 78%) pero no en hombres. Los investigadores sugieren que factores sociales y psicológicos, junto con posibles diferencias en cómo hombres y mujeres experimentan y reportan el estrés, podrían explicar esta disparidad. Es crucial realizar más investigaciones para comprender el vínculo y desarrollar estrategias preventivas; priorizar la gestión del estrés podría ser un paso vital para salvaguardar la salud de las mujeres.

  • Nuevo compuesto ofrece alivio del dolor sin el subidón ni la adicción.

    El dolor crónico afecta a millones de personas, y aunque el cannabis ha demostrado ser prometedor como tratamiento, sus efectos adictivos y alteradores de la mente han limitado su uso generalizado. Ahora, los investigadores han desarrollado un compuesto sintético, VIP36, que imita las propiedades analgésicas del cannabis sin los efectos secundarios no deseados, ofreciendo potencialmente una alternativa más segura tanto al cannabis como a los analgésicos opioides.

    Investigadores han logrado un avance significativo en el manejo del dolor al sintetizar un compuesto que replica las propiedades analgésicas del cannabis sin sus efectos adictivos y alteradores de la mente. Este nuevo compuesto, denominado “VIP36”, promete ser una alternativa más segura tanto que el cannabis natural como los analgésicos opioides, abordando una necesidad crítica en la actual crisis de opioides. El estudio, publicado en la revista *Nature*, detalla cómo esta molécula sintética se une a las células nerviosas sensibles al dolor de manera similar al cannabis, reduciendo eficazmente las señales de dolor, pero crucialmente evita cruzar la barrera hematoencefálica, previniendo así los efectos psicoactivos asociados al uso de cannabis.

    La innovación central reside en la estructura molecular única del compuesto. A diferencia de los cannabinoides naturales y los opioides, VIP36 lleva una carga positiva que le impide penetrar en la barrera hematoencefálica. Esta es una diferencia fundamental, ya que elimina el riesgo de adicción y las alteraciones cognitivas asociadas. Además, la investigación indica que el uso repetido de VIP36 no conduce al desarrollo de tolerancia, un problema común con los analgésicos opioides donde se requieren dosis cada vez más altas para lograr el mismo efecto reductor del dolor. Este descubrimiento se realizó a través de sofisticados modelos informáticos, revelando un “bolsillo oculto” dentro del receptor CB1 al que VIP36 puede acceder, minimizando la acumulación de tolerancia.

    El desarrollo de VIP36 es particularmente oportuno dada la creciente crisis de opioides en los Estados Unidos. Según el texto, más de 2.5 millones de adultos estadounidenses han desarrollado trastornos por uso de opioides, y un asombroso número de 81,000 muertes por sobredosis que involucran opioides ocurrieron en 2023. Esta crisis ha impulsado una búsqueda generalizada de alternativas más seguras, y los pacientes con dolor crónico históricamente han recurrido a la marihuana como una opción percibida como más segura. Si bien una revisión científica de 2017 de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina confirmó que el cannabis y los cannabinoides son efectivos para tratar el dolor crónico en adultos, los efectos psicoactivos han obstaculizado constantemente su aceptación más amplia como una solución viable para el manejo del dolor.

    El mecanismo de acción de VIP36 implica la unión a los receptores cannabinoides “CB1” en las células nerviosas dentro del sistema nervioso central y periférico del cuerpo, imitando la forma en que funcionan los cannabinoides naturales. Susruta Majumdar, investigador de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington y profesor del departamento de anestesiología de la escuela, explicó que el compuesto es “funcionalmente selectivo” y permanece dentro de la periferia, evitando la penetración en el cerebro. Además, elaboró que VIP36 ha demostrado efectos analgésicos en múltiples modelos de dolor, incluido el dolor inflamatorio, el dolor neuropático y el dolor de migraña, todo ello sin efectos secundarios observables a dosis terapéuticas. Esta acción dirigida, confinada a la periferia, sugiere un potencial para el alivio localizado del dolor, un punto enfatizado por el Dr. Samer Narouze, Presidente del Centro de Medicina del Dolor del Western Reserve Hospital.

    Las posibles implicaciones de VIP36 se extienden más allá del alivio individual del dolor. Con aproximadamente el 10% de la población de EE. UU. que sufre de dolor crónico, un cannabinoide sintético seguro y no adictivo podría tener un impacto significativo en la salud pública. Los investigadores se están centrando actualmente en perfeccionar el compuesto y desarrollar métodos para su administración, con el objetivo de una píldora o parche transdérmico. Se planea un ensayo clínico, aunque podría tomar hasta ocho años con financiación de fuentes privadas y los Institutos Nacionales de la Salud. Este plazo refleja las rigurosas pruebas y los obstáculos regulatorios involucrados en la comercialización de un nuevo fármaco.

    El desarrollo de VIP36 se alinea con una tendencia más amplia en el manejo del dolor, ejemplificada por la reciente aprobación por la FDA de suzetrigine, comercializado como Journavx, un tratamiento no opioide para el dolor agudo. Journavx se dirige a una vía diferente de señalización del dolor, que involucra los canales de sodio en el sistema nervioso periférico, destacando los diversos enfoques que se están explorando para abordar la crisis de los opioides. Sin embargo, el Dr. Narouze señaló una vacilación en torno al cannabis en sí, impulsada por las preocupaciones sobre la creación de una “crisis de adicción paralela”, incluso si potencialmente menos grave que la epidemia de opioides. Cree que una molécula cannabinoide sintética que se dirige selectivamente a los receptores CB1 periféricos, evitando el cerebro, sería un paso positivo para encontrar sustitutos de los opioides.

    Investigadores han sintetizado un compuesto no adictivo, VIP36, que imita los efectos analgésicos del cannabis sin los efectos secundarios que alteran la mente ni el riesgo de adicción. Este avance, que se dirige a los receptores cannabinoides periféricos, ofrece una alternativa prometedora a los opioides y podría revolucionar el tratamiento del dolor crónico, aunque se necesitan ensayos clínicos y un mayor desarrollo. La búsqueda de un alivio del dolor seguro y eficaz continúa: quizás el futuro del manejo del dolor reside en aprovechar los propios sistemas del cuerpo con moléculas diseñadas con precisión.

  • Permitir que los adolescentes beban en casa podría llevar a problemas con el alcohol más adelante.

    Un nuevo estudio desafía la creencia común de que permitir que los adolescentes prueben alcohol en casa bajo la supervisión de los padres puede prevenir futuros problemas con el alcohol. Una investigación publicada en Addictive Behaviors encontró que incluso pequeñas instancias de permiso parental para beber durante la adolescencia están relacionadas con un consumo más elevado de alcohol y problemas relacionados en la adultez temprana.

    La idea predominante entre algunos padres es que permitir que los adolescentes prueben alcohol en casa, bajo su supervisión, podría ser una forma de frenar la curiosidad y promover hábitos de consumo más seguros. Sin embargo, un estudio reciente publicado en la revista *Addictive Behaviors* desafía esta noción, revelando una conexión significativa entre el permiso parental para beber durante la adolescencia y el aumento del consumo de alcohol y problemas relacionados en la edad adulta. Esta investigación sugiere que los beneficios percibidos de una introducción controlada al alcohol no están respaldados por los datos, y pueden, de hecho, ser contraproducentes.

    El hallazgo central del estudio destaca una “relación robusta” entre el permiso parental para el consumo de alcohol durante la adolescencia y una serie de resultados negativos. Específicamente, el estudio encontró una correlación entre permitir el consumo de alcohol por menores de edad y el aumento de la frecuencia y la cantidad de consumo de alcohol, el desarrollo de síntomas de trastorno por uso de alcohol y un mayor riesgo de daños relacionados con el alcohol más adelante en la vida. Esto no es meramente una asociación menor; los investigadores enfatizan la solidez de la conexión, lo que indica que el permiso parental es un factor importante en la configuración de los patrones de consumo futuro. Es importante destacar que el estudio también encontró que la edad específica en la que los padres permitieron el consumo de alcohol no importaba: el riesgo de problemas posteriores permanecía constante independientemente de cuándo se concedió el permiso, lo que sugiere un efecto de riesgo uniforme.

    La psicóloga clínica Lisa Damour, autora de “The Emotional Lives of Teenagers”, reconoce que algunas familias permiten a sus hijos probar alcohol sin experimentar consecuencias negativas a corto o largo plazo. Sin embargo, enfatiza que “en general, lo que nos dicen los datos es que esta no es necesariamente la elección correcta”. La perspectiva de Damour se alinea con los hallazgos del estudio, enfatizando que la tendencia general indica un potencial de daño. Señala un elemento crucial que a menudo se pasa por alto: permitir el consumo de alcohol por menores de edad puede “normalizar la idea del consumo de alcohol por menores de edad”, lo que es un resultado preocupante dada la conocida asociación entre el consumo de alcohol por adolescentes y los riesgos. Esta normalización puede erosionar el mensaje de que el alcohol no es apropiado para los jóvenes y contribuir a una cultura donde el consumo de alcohol por menores de edad se acepta o incluso se fomenta.

    La idea de que permitir una exposición controlada al alcohol es una forma de “reducción de daños” ha sido en gran medida desacreditada por este estudio. La suposición es que al introducir el alcohol en un entorno seguro, los adolescentes serán menos propensos a experimentar con él en situaciones riesgosas más adelante. Sin embargo, la investigación sugiere que este enfoque no es eficaz e incluso puede tener el efecto contrario. En lugar de reducir el riesgo, puede aumentar la probabilidad de un consumo más intenso y problemas relacionados a largo plazo.

    Más allá del impacto directo del permiso parental, Damour enfatiza la poderosa influencia del modelado parental. Los niños aprenden sobre el alcohol y su papel en la vida observando el comportamiento de sus padres en casa. Por lo tanto, los padres deben centrarse en demostrar una relación saludable con el alcohol, si eligen consumirlo en absoluto. Esto implica evitar el alcohol como mecanismo de afrontamiento, practicar la moderación y comunicar explícitamente que las experiencias agradables no requieren alcohol. Este enfoque proporciona una lección más constructiva que simplemente permitir una prueba o una pequeña cantidad.

    Finalmente, Damour subraya la importancia de la comunicación abierta y un enfoque en la seguridad. Reconocer que los adolescentes a veces cometen errores es crucial. Los padres deben tranquilizar a sus hijos de que no serán castigados por buscar ayuda en situaciones riesgosas. El mensaje debe ser claro: “No queremos que bebas. No es seguro. No es bueno para tu cerebro en desarrollo. Y, si necesitas nosotros, si estás en una situación de riesgo, somos tu primera llamada. Nunca te haremos lamentar haber buscado ayuda”. Este enfoque prioriza la seguridad y el bienestar del adolescente, creando un entorno de apoyo donde se sienten cómodos buscando asistencia sin temor a ser juzgados.

    Permitir que los adolescentes beban alcohol en casa, incluso bajo supervisión, se asocia con un consumo más elevado de alcohol y problemas relacionados en la edad adulta, desafiando la creencia de que promueve un consumo seguro. Los expertos aconsejan modelar relaciones saludables con el alcohol, mantener una comunicación abierta y priorizar la seguridad, enfatizando que los errores ocurren y que siempre debe haber apoyo disponible.

    Para obtener más información, considere explorar recursos del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo.

  • Microambiente folicular potenciado por PRP: desbloqueando la competencia ovocitaria y mejorando los resultados de la FIV a través del análisis transcriptómico

    El fracaso de implantación recurrente (FIR) sigue siendo un desafío importante en la tecnología de reproducción asistida (TRA). Si bien la definición y la prevalencia de la FIR varían, generalmente se refiere al fracaso para lograr un embarazo clínico después de múltiples transferencias de embriones de buena calidad. Las causas subyacentes de la FIR son multifactoriales, involucrando problemas con el embrión, el endometrio y la interacción entre los dos. Los avances recientes en el diagnóstico genético preimplantacional (DGP) han permitido la transferencia de embriones euploides, sin embargo, la FIR persiste. Comprender los mecanismos moleculares que rigen la receptividad endometrial es crucial para mejorar los resultados de la TRA. Este estudio investiga el transcriptoma endometrial en pacientes que experimentan FIR, con el objetivo de identificar posibles biomarcadores y vías asociadas con la competencia de implantación.

    El desafío persistente de la falla recurrente de la implantación (FRI), definida como la incapacidad de lograr un embarazo clínico después de la transferencia de múltiples embriones de buena calidad, afecta a una proporción significativa de parejas que se someten a fertilización in vitro (FIV). Si bien las causas exactas siguen siendo multifactoriales y a menudo esquivas, las investigaciones recientes se han centrado cada vez más en el papel de la receptividad endometrial, identificando alteraciones en los patrones de expresión génica como contribuyentes clave. Los estudios indican que una proporción sustancial de los casos de FRI no se deben a la calidad del embrión, sino más bien a un endometrio que no está adecuadamente preparado para apoyar la implantación (Pirtea et al., 2021). Esto ha llevado a un cambio en las estrategias de diagnóstico y terapéuticas, alejándose de la evaluación exclusiva de la morfología del embrión para evaluar de manera integral el entorno endometrial.

    Un aspecto crítico para comprender la receptividad endometrial radica en el preciso momento de la implantación, que es un proceso fuertemente regulado y dependiente de la expresión coordinada de numerosos genes. La “ventana de implantación” – un breve período de aproximadamente 4-6 días durante la fase secretora del ciclo menstrual – se caracteriza por perfiles específicos de expresión génica esenciales para la adhesión del embrión y el desarrollo posterior. Los genes involucrados en la adhesión celular, la modulación inmunitaria y la señalización de hormonas esteroides son particularmente cruciales. La interrupción de este delicado equilibrio, ya sea debido a niveles de expresión alterados o a un momento inadecuado, puede afectar significativamente el potencial de implantación. Además, los criterios de Bologna y los criterios POSEIDON, utilizados para evaluar la respuesta ovárica, se han demostrado que se correlacionan con la probabilidad de obtener al menos un embrión euploide, destacando la interacción entre la función ovárica y la receptividad endometrial (Reig et al., 2023). Esto sugiere que la estimulación ovárica subóptima puede afectar indirectamente la calidad endometrial.

    El endometrio no es un tejido estático, sino más bien un entorno dinámico influenciado por una compleja interacción de hormonas, factores de crecimiento e inmunocélulas. Los factores de crecimiento, como el factor de crecimiento epidérmico (FGE), desempeñan un papel fundamental en la regulación de la receptividad endometrial. El FGE y sus receptores se expresan tanto en el endometrio como en las células del cumulus, y son esenciales para la expansión de las células del cumulus y la maduración del ovocito (Park et al., 2004). Además, las células del cumulus que rodean el ovocito se comunican activamente con el endometrio, influyendo en los patrones de expresión génica y preparando el sitio de implantación. Las alteraciones en las vías de señalización del FGE, posiblemente debido a variaciones en los niveles hormonales o la expresión de receptores, pueden interrumpir esta comunicación y afectar la receptividad endometrial. El método de activación utilizado en la reproducción asistida, por ejemplo, se ha demostrado que altera el transcriptoma de las células del cumulus (Fuchs Weizman et al., 2019), lo que subraya aún más la importancia de optimizar este paso para garantizar la preparación endometrial adecuada.

    Los avances recientes en las tecnologías genómicas, particularmente el análisis de la expresión génica mediante RNA-Seq (secuenciación de ARN), han permitido a los investigadores analizar los patrones de expresión génica en el endometrio con un detalle sin precedentes. RNA-Seq permite la identificación de genes diferencialmente expresados entre endometrios receptivos y no receptivos, proporcionando información valiosa sobre los mecanismos moleculares subyacentes a la FRI. Los estudios que utilizan RNA-Seq han identificado numerosos genes involucrados en la adhesión celular (por ejemplo, integrinas), la modulación inmunitaria (por ejemplo, citocinas y quimiocinas) y la señalización de hormonas esteroides (por ejemplo, receptor de progesterona) como significativamente alterados en mujeres con FRI. Estos hallazgos subrayan la complejidad de la receptividad endometrial y el potencial de identificar objetivos moleculares específicos para la intervención terapéutica. El uso de herramientas bioinformáticas, como el Análisis de Vías Ingenuity, permite además la identificación de vías de señalización clave desreguladas en la FRI, proporcionando una comprensión a nivel de sistema de los mecanismos moleculares subyacentes (Krämer et al., 2014).

    El papel de la proteína de unión al ARN polipirimidinada embrionaria (EPAB) ejemplifica la importancia de genes específicos en la receptividad endometrial. EPAB es crucial para la maduración del ovocito y la fertilidad femenina en ratones, y es necesaria para la señalización de FGE de las células de la granulosa y la expansión del cumulus (Guzeloglu-Kayisli et al., 2012). Además, EPAB es necesaria en la etapa preantral de la foliculogénesis en ratón para la comunicación ovocito-somática (Lowther et al., 2017). Estos hallazgos sugieren que EPAB desempeña un papel fundamental en el establecimiento y mantenimiento de la comunicación entre el ovocito y las células somáticas circundantes, lo que es esencial para la preparación endometrial adecuada. De manera similar, la proteína morfogenética ósea 15 (BMP15) desempeña un papel fundamental en la función ovárica y está involucrada en trastornos de la fertilidad femenina (Persani et al., 2014). La disminución de la expresión de BMP15 inhibe el desarrollo folicular ovárico porcino y la ovulación (Qin et al., 2019), lo que destaca su importancia en la regulación de la función ovárica y afecta indirectamente la receptividad endometrial.

    Más allá de los genes específicos, las alteraciones en vías de señalización más amplias, como las involucradas en la modulación inmunitaria, contribuyen significativamente a la FRI. El endometrio es un sitio inmunoprivilegiado, y un delicado equilibrio entre citocinas proinflamatorias y antiinflamatorias es esencial para una implantación exitosa. La desregulación de este equilibrio, posiblemente debido a la inflamación crónica o los trastornos autoinmunes, puede afectar la receptividad endometrial. Además, los genes involucrados en la función mitocondrial se han reconocido cada vez más como desempeñando un papel fundamental en la fertilidad femenina. Las mutaciones en los genes que codifican la proteasa dependiente de ATP acambrada mitocondrial (CLPP), por ejemplo, se asocian con el síndrome de Perrault y causan infertilidad femenina (Jenkinson et al., 2013). De manera similar, la mitofusina 2 (MFN2) desempeña un papel en el desarrollo del ovocito y el folículo y es necesaria para mantener la reserva folicular ovárica durante el envejecimiento reproductivo (Zhang et al., 2019). Estos hallazgos subrayan la importancia de la función mitocondrial para mantener la calidad endometrial y apoyar una implantación exitosa.

    La complejidad de la FRI requiere un enfoque integral para el diagnóstico y el tratamiento. Si bien la calidad del embrión sigue siendo un factor importante, las técnicas de evaluación endometrial cada vez más sofisticadas se están volviendo esenciales. Los conjuntos de receptividad endometrial (ERA) pueden proporcionar información valiosa sobre los patrones de expresión génica en el endometrio, lo que ayuda a identificar a las mujeres que pueden beneficiarse de las pruebas genéticas preimplantacionales para aneuploidía (PGT) u otras intervenciones. Sin embargo, es importante tener en cuenta que los resultados de ERA deben interpretarse con precaución, ya que no siempre son predictivos del éxito de la implantación. Además, la tasa de verdadera falla recurrente de la implantación es relativamente baja, con estudios que indican que una proporción sustancial de mujeres con FRI eventualmente logran un embarazo clínico con ciclos continuos de FIV (Pirtea et al., 2021; Gill et al., 2024). Esto destaca la importancia de considerar otros factores, como las anomalías uterinas y los factores del estilo de vida, en la evaluación de mujeres con FRI.

    En conclusión, la FRI es una afección compleja y multifactorial con alteraciones en los patrones de expresión génica endometrial desempeñando un papel fundamental. Los avances en las tecnologías genómicas, como RNA-Seq, han proporcionado información valiosa sobre los mecanismos moleculares subyacentes a la FRI, identificando numerosos genes y vías de señalización desregulados en mujeres con esta afección. Un enfoque integral para el diagnóstico y el tratamiento, que incorpore tanto la evaluación del embrión como la evaluación endometrial, es esencial para optimizar las tasas de implantación y mejorar el éxito de la FIV. Se necesitan más investigaciones para identificar objetivos moleculares específicos para la intervención terapéutica y desarrollar estrategias de tratamiento personalizadas para mujeres con FRI.

    El fracaso de la implantación intrauterina sigue siendo un desafío importante en la tecnología de reproducción asistida. Este análisis exhaustivo de datos transcriptómicos de las células del cumulus revela patrones de expresión génica alterados en pacientes que experimentan fracaso de implantación recurrente, destacando interrupciones en vías cruciales para la comunicación oocito-somática, el desarrollo folicular y la función mitocondrial. Genes clave identificados, incluyendo aquellos involucrados en la señalización de EGF (p. ej., *EGF*, *HAS2*), la regulación de la proteína de unión a poli(A) (*EPAB*) y los procesos mitocondriales (*CLPP*, *Mitofusina 1/2*), sugieren posibles objetivos para intervenciones diagnósticas y terapéuticas. Si bien la tasa real de fracaso de implantación recurrente es menor de lo que se estimaba anteriormente, optimizar la calidad del oocito y la receptividad endometrial a través de una comprensión más profunda de estos mecanismos moleculares es crucial. Se justifica una investigación adicional centrada en enfoques personalizados, incluyendo terapias dirigidas basadas en perfiles transcriptómicos individuales, para mejorar las tasas de nacimiento vivo y abordar las complejidades del fracaso de la implantación.

  • Por qué las terapias musculoesqueléticas ineficaces parecen funcionar: Una revisión exhaustiva

    Las terapias complementarias y alternativas (TCA) se utilizan con frecuencia en la atención de las enfermedades musculoesqueléticas, a pesar de la limitada evidencia de alta calidad que respalde su eficacia. Esta revisión explora las razones por las que estas técnicas a menudo parecen funcionar, incluso cuando carecen de un mecanismo biológico sólido. Profundizamos en los factores psicológicos, neurológicos y contextuales, incluyendo los efectos placebo, las expectativas del paciente y la relación terapéutica, que contribuyen a los beneficios percibidos, examinando en última instancia “el lado oscuro de la atención de las enfermedades musculoesqueléticas” y el potencial de resultados clínicos engañosos.

    Las terapias complementarias y alternativas (TCA) se utilizan ampliamente para afecciones musculoesqueléticas (AME), a pesar de los niveles variables de evidencia que respaldan su eficacia. Este uso generalizado plantea la pregunta crítica de por qué estas terapias a menudo parecen funcionar, incluso cuando carecen de un sólido respaldo científico. Esta revisión profundiza en las múltiples razones detrás de la eficacia percibida de las TCA, explorando factores psicológicos, mecanismos neurobiológicos, influencias contextuales y las limitaciones inherentes de la evaluación clínica en el cuidado de las AME. El “lado oscuro” del cuidado de las AME, por lo tanto, no es necesariamente una intención maliciosa, sino una compleja interacción de factores que pueden conducir a resultados positivos independientemente del efecto fisiológico específico del tratamiento.

    Un contribuyente significativo al éxito percibido de las TCA reside en el ámbito de los factores psicológicos. La relación paciente-practicante, caracterizada por la empatía, la confianza y la escucha atenta, puede ser profundamente terapéutica. El “efecto placebo”, a menudo descartado como meramente un fenómeno psicológico, ahora se reconoce como una respuesta neurobiológica robusta. La expectativa juega un papel crucial; los pacientes que creen que un tratamiento será eficaz tienen más probabilidades de experimentar resultados positivos, independientemente de las propiedades inherentes del tratamiento (Benedetti et al., 2005). Además, el condicionamiento clásico y operante pueden reforzar las creencias positivas sobre una terapia. Si un paciente experimenta una mejoría tras una TCA, incluso coincidentemente, puede asociar el tratamiento con el alivio, lo que lleva a expectativas y respuestas positivas futuras. Esto se amplifica aún más por la naturaleza a menudo práctica de muchas TCA, que proporciona una sensación de cuidado y seguridad que puede reducir la ansiedad y la percepción del dolor.

    Los mecanismos neurobiológicos subyacen al efecto placebo y contribuyen a la eficacia percibida de las TCA. Los estudios que utilizan resonancia magnética funcional (fMRI) han revelado que la analgesia placebo activa regiones del cerebro involucradas en la liberación de opioides endógenos, como la sustancia gris periacueductal, la corteza cingulada anterior rostral y la corteza prefrontal (Peciña & Zubieta, 2014). Estas regiones son integrales para los sistemas naturales de modulación del dolor del cuerpo. Además, la anticipación del alivio del dolor puede desencadenar la liberación de dopamina en el estriado, una región del cerebro asociada con la recompensa y la motivación. Estos cambios neurobiológicos demuestran que el efecto placebo no es simplemente “en la cabeza del paciente”, sino que implica alteraciones fisiológicas tangibles en la actividad cerebral. Específicamente en el contexto de las terapias manuales, la estimulación táctil puede activar las vías somatosensoriales, modulando potencialmente las señales de dolor y promoviendo la relajación. Eippert et al. (2009) demostraron evidencia directa del involucramiento de la médula espinal en la analgesia placebo, destacando aún más el impacto fisiológico de estos tratamientos.

    Los factores contextuales influyen significativamente en los resultados del tratamiento. El entorno en el que se administra una terapia, el ambiente de la clínica, el comportamiento del practicante y el prestigio percibido del tratamiento, pueden contribuir a las expectativas del paciente y a su respuesta posterior. Tsutsumi et al. (2023) realizaron un estudio metaepidemiológico basado en las revisiones Cochrane, revelando una proporción sustancial del tamaño del efecto en la medicina general que se puede atribuir a los efectos contextuales. Los aspectos ritualistas de muchas TCA, como movimientos, posturas o el uso de herramientas especializadas específicos, también pueden mejorar la experiencia terapéutica. Además, el tiempo y la atención inherentes proporcionados durante una sesión de TCA pueden ser beneficiosos, especialmente para los pacientes que se sienten apresurados o no escuchados durante las consultas médicas convencionales. El mero acto de buscar atención, y la esperanza asociada de mejorar, puede contribuir a un resultado positivo. El “paquete” de atención que rodea a una TCA, por lo tanto, suele ser tan importante como el tratamiento en sí.

    Las limitaciones inherentes de la evaluación clínica en las AME contribuyen a la percepción de eficacia. El dolor es una experiencia subjetiva, y su medición depende en gran medida de la autoevaluación del paciente. La variabilidad en la percepción del dolor, influenciada por factores como el estado de ánimo, el estrés y los antecedentes culturales, puede dificultar la evaluación objetiva de los resultados del tratamiento. Además, la historia natural de muchas afecciones musculoesqueléticas implica períodos de remisión espontánea y exacerbación. La mejoría tras una TCA puede simplemente reflejar las fluctuaciones naturales en la gravedad de los síntomas, en lugar de un efecto directo del tratamiento. Rubinstein et al. (2011) destacan los desafíos para establecer la eficacia de la manipulación espinal para el dolor lumbar crónico debido a la variabilidad inherente en la presentación de los síntomas y la posibilidad de recuperación espontánea. La falta de medidas de resultados estandarizadas y la posibilidad de sesgos en la información del paciente complican aún más el proceso de evaluación.

    El papel del sistema descendente de modulación del dolor se reconoce cada vez más como un factor clave en la eficacia percibida de las TCA. Este sistema, que involucra regiones del cerebro como la corteza prefrontal, la corteza cingulada anterior y la sustancia gris periacueductal, puede inhibir las señales de dolor a nivel de la médula espinal. Se ha demostrado que la integridad de la materia blanca de este sistema se asocia con diferencias individuales en la analgesia placebo (Stein et al., 2012). Las terapias manuales, al proporcionar estimulación táctil y activar las vías somatosensoriales, pueden modular la actividad del sistema descendente de modulación del dolor, lo que lleva al alivio del dolor. Crawford et al. (2021) demostraron que las respuestas analgésicas placebo y las respuestas hiperalgésicas nocebo se asocian con mecanismos cerebrales de la modulación del dolor, destacando aún más la compleja interacción entre los factores psicológicos y los procesos neurofisiológicos.

    Más allá de los mecanismos neurobiológicos, la activación de las vías de recompensa en el cerebro también puede contribuir a la eficacia percibida de las TCA. Lee et al. (2015) encontraron que insertar agujas en el cuerpo evoca respuestas distintas relacionadas con la recompensa en el contexto de un tratamiento, lo que sugiere que la acupuntura puede activar el sistema de recompensa del cerebro, lo que lleva a una sensación de bienestar y alivio del dolor. Esta activación de las vías de recompensa puede contribuir al efecto placebo y reforzar las creencias positivas sobre la terapia. Zunhammer et al. (2021) realizaron un metanálisis de los sistemas neurales subyacentes a la analgesia placebo a partir de datos de fMRI de participantes individuales, revelando la activación consistente de las regiones cerebrales relacionadas con la recompensa.

    El concepto de “curación contextual” enfatiza la importancia del entorno terapéutico y la relación paciente-practicante para promover resultados positivos. El proceso de curación no es simplemente un evento fisiológico, sino una compleja interacción entre factores psicológicos, sociales y ambientales. La empatía del practicante, la escucha atenta y la capacidad de generar confianza con el paciente pueden influir significativamente en las expectativas del paciente y en su respuesta posterior. Los aspectos ritualistas de muchas TCA, como movimientos, posturas o el uso de herramientas especializadas específicos, también pueden mejorar la experiencia terapéutica y promover una sensación de bienestar.

    Finalmente, es importante reconocer que algunas TCA pueden tener efectos fisiológicos genuinos, incluso si no se comprenden completamente. Por ejemplo, la acupuntura puede estimular la liberación de endorfinas, que tienen propiedades analgésicas. Las terapias manuales pueden mejorar la movilidad articular y reducir la tensión muscular. Sin embargo, la magnitud de estos efectos fisiológicos suele ser pequeña, y pueden no ser suficientes para explicar las mejoras clínicas observadas. Carrasco-Uribarren et al. (2024) realizaron una revisión sistemática y un metanálisis de la eficacia clínica de la terapia craneosacral en pacientes con trastornos de la cefalea, revelando mejoras modestas en la gravedad de los síntomas.

    En conclusión, la eficacia percibida de las TCA es un fenómeno complejo que está influenciado por una multitud de factores, incluidos factores psicológicos, mecanismos neurobiológicos, influencias contextuales y las limitaciones inherentes de la evaluación clínica. Si bien algunas TCA pueden tener efectos fisiológicos genuinos, el efecto placebo y la curación contextual juegan un papel importante para promover resultados positivos. Comprender estos factores es esencial para brindar atención eficaz y centrada en el paciente. El “lado oscuro” del cuidado musculoesquelético, por lo tanto, no se trata de que los tratamientos ineficaces fracasen necesariamente, sino de la poderosa influencia del contexto terapéutico y la capacidad de curación del propio paciente.

    Las terapias complementarias y alternativas (TCA) a menudo parecen efectivas a pesar de carecer de evidencia científica sólida, en gran parte debido a la poderosa influencia de los efectos placebo y nocebo, la curación contextual y las expectativas del paciente. Estos efectos están arraigados en mecanismos neurobiológicos que involucran vías de recompensa, sistemas de modulación del dolor y actividad cerebral alterada, lo que destaca la capacidad del cerebro para influir en la percepción del dolor y el alivio de los síntomas. Si bien las relaciones paciente-practicante y las expectativas positivas pueden ser beneficiosas, es crucial reconocer el potencial de atribución errónea de la mejora y la importancia de la atención basada en evidencia. Se requiere más investigación sobre la neurobiología del placebo y la curación contextual para optimizar las intervenciones terapéuticas y garantizar que los pacientes reciban la atención más eficaz y ética, lo que exige una evaluación crítica de las prácticas de las TCA y un enfoque en la comunicación transparente sobre la eficacia del tratamiento.

  • Obesidad en Labradores Vinculada a Genes Específicos, Pero la Dieta Sigue Siendo Importante

    Los labradores retrievers son conocidos por su amor a la comida, lo que a menudo conduce a la obesidad. Investigaciones recientes han identificado múltiples genes relacionados con el aumento de peso en los labradores, basándose en hallazgos previos sobre un gen específico llamado POMC. Un nuevo estudio examinó el ADN de labradores británicos para identificar genes adicionales asociados con la obesidad y desarrollar un sistema de puntuación de riesgo para predecir la probabilidad de que un perro tenga sobrepeso. La investigación destaca el papel de la genética en la motivación por la comida y la importancia de la gestión de la dieta para mantener un peso saludable en esta raza.

    Los labradores retrievers son propensos a la obesidad debido a su fuerte instinto por la comida, un rasgo comúnmente observado por los dueños a través de comportamientos como pedir comida y robar bocadillos. Esta tendencia los coloca entre las razas de perros con mayor sobrepeso, junto con los golden retrievers, los cocker spaniels y los beagles, lo que destaca una preocupación significativa para la salud dentro de la raza.

    Investigaciones científicas recientes han comenzado a identificar los factores genéticos que contribuyen a esta predisposición. Un estudio publicado en *Science* el 6 de marzo identificó múltiples genes asociados con la obesidad en labradores, yendo más allá del vínculo previamente conocido con una forma específica del gen POMC. Eleanor Raffan, una veterinaria y genetista de la Universidad de Cambridge, explicó que, si bien la mutación POMC se identificó inicialmente como un factor que contribuye a la sobrealimentación, “podríamos deducir de nuestros estudios que la mutación POMC no era toda la historia”, lo que indica un panorama genético más complejo.

    Para investigar más a fondo esta complejidad, Raffan y su equipo realizaron un análisis genético detallado de 241 labradores retrievers británicos. El estudio abarcó no solo muestras de ADN, sino también la recopilación exhaustiva de datos sobre la masa grasa corporal de los perros, su comportamiento de pedir comida y el rigor de las regulaciones dietéticas de sus dueños. Este enfoque multifacético permitió a los investigadores correlacionar las variaciones genéticas con rasgos observables relacionados con la obesidad.

    La investigación descubrió cinco genes potencialmente asociados con la obesidad en labradores. Sin embargo, la correlación más fuerte se encontró con un gen llamado DENND1B. Los labradores que poseían una variante específica de este gen exhibieron aproximadamente un 8 por ciento más de grasa corporal en comparación con aquellos que no la poseían. Cabe destacar que DENND1B también afecta la forma en que el cerebro responde a la comida en humanos, lo que sugiere un papel conservado en la regulación del apetito entre especies y enfatiza aún más la importancia biológica de este hallazgo.

    Basándose en los descubrimientos genéticos, Raffan y sus colegas desarrollaron un sistema de puntuación de riesgo. Este sistema permite calcular el riesgo de obesidad de un labrador individual en función de su perfil genético. Como explicó Adam Boyko, un genetista canino de la Universidad de Cornell que no participó en el estudio, “se puede clasificar a todos los individuos de la población en función de si heredaron una serie de genes propensos a la obesidad o tal vez no heredaron muchos en absoluto”. Este sistema de puntuación proporciona una herramienta valiosa para identificar a los perros particularmente vulnerables al aumento de peso.

    El sistema de puntuación de riesgo también reveló diferencias en la relación con la comida entre los labradores de alto y bajo riesgo. Los perros identificados como de alto riesgo exhibieron una mayor tendencia a pedir comida y demostraron un mayor impulso para buscar fuentes de alimentos. Crucialmente, el estudio subrayó el impacto significativo de la gestión por parte del dueño. Los dueños que eran más estrictos con la regulación de la dieta de sus mascotas pudieron mantener un peso corporal saludable incluso en perros de alto riesgo. Raffan enfatizó este punto, afirmando: “Si eres un perro de alto riesgo y tu dueño es realmente estricto con la gestión, puedes tener un peso corporal perfectamente saludable”. Por el contrario, los perros con un menor riesgo genético tendieron a mantener un peso saludable independientemente de las prácticas de alimentación de su dueño.

    Si bien las pruebas genéticas pueden identificar factores de riesgo, Raffan sugiere que pueden no ser necesarias para todos los dueños. Ella aconseja que si un perro demuestra constantemente un deseo de comer en exceso, podría ser una indicación de una predisposición genética subyacente. Por lo tanto, racionar proactivamente la comida para los perros que fácilmente ganan peso es un enfoque prudente. Sin embargo, reconoce el desafío de una gestión disciplinada de los alimentos, afirmando: “Ser disciplinado con la ingesta de alimentos de tu perro parece sencillo, pero en realidad es un trabajo bastante difícil si tienes una de estas mascotas enormemente motivadas por la comida”. Esto destaca el componente conductual de la gestión de la obesidad y la importancia del esfuerzo constante del dueño.

    Investigaciones recientes han identificado múltiples genes relacionados con la obesidad en labradores retrievers, siendo DENND1B el que muestra la asociación más fuerte: los perros con una variante específica tenían un 8% más de grasa corporal. Un sistema de puntuación de riesgo basado en estos genes puede predecir la probabilidad de obesidad de un perro, y una regulación dietética más estricta por parte de los dueños impacta significativamente en el control del peso, especialmente en perros de alto riesgo. Si bien las pruebas genéticas no son necesarias, reconocer un fuerte impulso alimentario en un perro puede indicar una predisposición al aumento de peso. Comprender estos factores genéticos empodera a los dueños para gestionar proactivamente la dieta y la salud general de su Labrador, destacando que los hábitos alimenticios responsables son cruciales para estos compañeros motivados por la comida.

    Para obtener más información sobre la genética canina y la obesidad, explore los recursos del Laboratorio de Genética Veterinaria de UC Davis: [https://vgl.ucdavis.edu/](https://vgl.ucdavis.edu/)

  • Ejercicio revela firmas metabolómicas y lipidómicas del PEM en ME/CFS

    Este estudio investiga las diferencias metabólicas en el líquido cefalorraquídeo (LCR) entre individuos con encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC) y controles sanos, centrándose en el impacto del agotamiento inducido por el ejercicio, específicamente la malestar post-esfuerzo (MPE). Utilizando metabolómica y lipidómica, la investigación tiene como objetivo identificar biomarcadores asociados con el MPE y dilucidar las vías bioquímicas subyacentes involucradas en este síntoma debilitante. Los hallazgos revelan alteraciones significativas en los perfiles metabólicos del LCR después del ejercicio, particularmente dentro de la vía de la serina, y destacan posibles objetivos diagnósticos y terapéuticos para la EM/SFC.

    Este estudio investigó los perfiles metabolómicos y lipidómicos del líquido cefalorraquídeo (LCR) de individuos con Encefalomielitis Miálgica/Síndrome de Fatiga Crónica (EM/SFC) para identificar biomarcadores asociados con el agotamiento por el esfuerzo, específicamente la malestar post-esfuerzo (MPE), y explorar el impacto del ejercicio en estos perfiles. El hallazgo principal revela alteraciones metabólicas distintas en pacientes con EM/SFC en comparación con controles sanos, con el ejercicio exacerbando estas diferencias, particularmente dentro de la vía de la serina.

    La caracterización inicial de la población del estudio demostró diferencias significativas entre pacientes con EM/SFC y controles en los perfiles metabólicos basales. Los pacientes con EM/SFC exhibieron alteraciones en varias vías metabólicas clave, incluyendo el metabolismo de las pirimidinas, el metabolismo de la metionina, y las vías de biosíntesis de pantotenato y CoA. Estas diferencias basales sugieren una interrupción fundamental en la producción de energía y la función celular en EM/SFC, incluso en ausencia de esfuerzo inducido. Destacablemente, el estudio utilizó un criterio de inclusión riguroso que requería MPE documentada, asegurando que la cohorte de pacientes representara el síntoma central de la enfermedad. El análisis estadístico, empleando ANOVA y estadística bayesiana, destacó la significancia de estas diferencias, con factores de Bayes superiores a 1000 para el metabolismo de las pirimidinas, indicando una fuerte evidencia de desregulación de la vía.

    Un enfoque central del estudio fue determinar cómo el ejercicio impacta el metaboloma del LCR en EM/SFC. Los pacientes se sometieron a pruebas de ejercicio, y se recolectaron muestras de LCR antes y después del esfuerzo. Los resultados revelaron un cambio pronunciado en los perfiles metabólicos después del ejercicio en el grupo EM/SFC, con muchas de las diferencias basales volviéndose más pronunciadas. Específicamente, la vía de la serina exhibió una respuesta significativa al ejercicio, con niveles alterados de varios metabolitos clave, incluyendo la serina misma, así como compuestos relacionados como la glicina y la glutamina. Este hallazgo apoya la hipótesis de que la vía de la serina juega un papel crítico en la patofisiología del MPE. Los cambios observados no fueron simplemente una respuesta general al estrés; los controles no exhibieron la misma magnitud de cambio metabólico después del ejercicio, diferenciando aún más al grupo EM/SFC.

    El análisis lipidómico detallado reveló alteraciones sustanciales en los perfiles lipídicos en pacientes con EM/SFC, con el ejercicio exacerbando aún más estas diferencias. Varias clases de lípidos, incluyendo los fosfatidilgliceroles (PG) y las esfingomielinas (SM), mostraron cambios significativos en respuesta al esfuerzo. Específicamente, el estudio identificó varias especies de PG (por ejemplo, PG 18:0/18:2) y especies de SM (por ejemplo, SM d18:1/20:5) que fueron significativamente alteradas en pacientes con EM/SFC después del ejercicio. Estos lípidos son componentes cruciales de las membranas celulares y juegan roles importantes en la señalización celular y la producción de energía. Las alteraciones observadas sugieren una interrupción en la integridad de la membrana y las vías de señalización, lo que podría contribuir a los síntomas del MPE. El análisis multivariado confirmó los distintos perfiles lipidómicos de los pacientes con EM/SFC en comparación con los controles, y la respuesta al ejercicio amplificó aún más estas diferencias.

    El modelado estadístico adicional, empleando regresión bayesiana, identificó metabolitos y especies lipídicas específicos que estuvieron significativamente asociados con EM/SFC y la respuesta al ejercicio. El análisis destacó la importancia de los metabolitos involucrados en el metabolismo de las pirimidinas, como el 5-metiltetrahidrofolato (5-MTHF), y las especies lipídicas involucradas en la integridad de la membrana, como el PG 18:0/18:2. Estos hallazgos sugieren que estos metabolitos y lípidos podrían servir como biomarcadores potenciales para EM/SFC y la gravedad del MPE. Destacablemente, el análisis también identificó diferencias específicas de género, con algunos metabolitos mostrando asociaciones más fuertes con EM/SFC en los hombres. El estudio demostró una correlación positiva entre la edad y varios metabolitos clave, lo que sugiere que la edad podría influir en el perfil metabólico de los pacientes con EM/SFC.

    El estudio también investigó el papel potencial de otras vías metabólicas en la patofisiología de EM/SFC. Se observaron alteraciones en las vías involucradas en el reciclaje de amoníaco, el metabolismo de la arginina y la prolina, y la biosíntesis de espermidina y espermina. Estos hallazgos sugieren que estas vías también podrían contribuir a los síntomas del MPE. Los cambios observados en el reciclaje de amoníaco podrían contribuir a los síntomas neurológicos, mientras que las alteraciones en el metabolismo de la arginina y la prolina podrían afectar la función inmune. El estudio también identificó alteraciones en el metabolismo de la taurina y la hipotaurina, lo que podría afectar la excitabilidad neuronal. El análisis combinado de estas vías sugiere una compleja interacción de desregulación metabólica en EM/SFC.

    El estudio identificó varios metabolitos que fueron significativamente alterados en pacientes con EM/SFC en comparación con los controles, y la respuesta al ejercicio amplificó aún más estas diferencias. Específicamente, el estudio identificó alteraciones en el ácido cítrico, la creatinina y el monofosfato de adenosina (AMP). Estos hallazgos sugieren que estos metabolitos podrían servir como biomarcadores potenciales para EM/SFC y la gravedad del MPE. Los cambios observados en el ácido cítrico podrían reflejar alteraciones en la producción de energía, mientras que las alteraciones en la creatinina podrían reflejar alteraciones en la función muscular. El estudio también identificó alteraciones en la L-acetilcarnitina, lo que podría afectar la función mitocondrial. El análisis combinado de estos metabolitos sugiere una compleja interacción de desregulación metabólica en EM/SFC.

    En conclusión, este estudio proporciona evidencia convincente de alteraciones metabólicas distintas en pacientes con EM/SFC, con el ejercicio exacerbando estas diferencias. Los hallazgos destacan la importancia de la vía de la serina, el metabolismo de las pirimidinas y los perfiles lipídicos en la patofisiología del MPE. Los metabolitos y lípidos identificados podrían servir como biomarcadores potenciales para EM/SFC y la gravedad del MPE, y también podrían representar objetivos terapéuticos potenciales. La metodología rigurosa del estudio, incluyendo una cohorte de pacientes bien definida y un análisis metabolómico y lipidómico exhaustivo, fortalece la validez de los hallazgos. Se necesita más investigación para validar estos hallazgos en cohortes más grandes y para investigar los mecanismos subyacentes que impulsan estas alteraciones metabólicas.

    Este estudio demuestra perfiles metabólicos distintos del líquido cefalorraquídeo (LCR) en pacientes con encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC), particularmente influenciados por el ejercicio, destacando alteraciones en el metabolismo de las pirimidinas, las vías de la metionina y la vía de la serina. Los niveles elevados de varios metabolitos post-ejercicio sugieren un metabolismo energético y una función neuronal deteriorados. Los hallazgos clave implican un metabolismo lipídico alterado y un posible papel de la vía de la serina en la malestar post-esfuerzo (MPE). Es crucial una mayor investigación para validar estos biomarcadores para intervenciones diagnósticas y terapéuticas, con el objetivo final de mejorar la vida de las personas afectadas por EM/SFC.

  • Dieta alta en grasas perjudica rápidamente la memoria en ratas envejecidas, incluso sin obesidad.

    Este estudio investiga el impacto de una dieta alta en grasas en la función cerebral, específicamente en ratas que envejecen. Si bien la relación entre dietas poco saludables y la obesidad está bien establecida, esta investigación se centra en si los cambios dietéticos pueden afectar directamente al cerebro *independientemente* del aumento de peso. Investigaciones previas sugieren que los cambios relacionados con la edad preparan al cerebro para la inflamación, y este estudio tiene como objetivo determinar si una dieta alta en grasas a corto plazo puede desencadenar neuroinflamación y problemas de memoria en animales mayores, incluso antes de que ocurran cambios metabólicos.

    Una dieta alta en grasas a corto plazo puede inducir rápidamente inflamación cerebral y deterioro de la memoria en ratas envejecidas, incluso antes de que ocurran cambios metabólicos, desafiando la comprensión convencional de que la obesidad es un requisito previo para el deterioro cognitivo relacionado con la dieta. Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio demostraron que tan solo tres días de consumir una dieta alta en grasas saturadas condujeron a problemas de memoria notables y respuestas inflamatorias en los cerebros de ratas mayores, mientras que las ratas más jóvenes permanecieron en gran medida inafectadas. Este hallazgo, publicado en la revista *Immunity & Ageing*, sugiere un vínculo directo entre la ingesta dietética poco saludable y la neuroinflamación, independiente del aumento de peso o la disfunción metabólica sistémica.

    Para diferenciar los efectos de la dieta de los de la obesidad, el equipo de investigación comparó las respuestas de ratas jóvenes y viejas alimentadas con una dieta normal o una dieta alta en grasas durante tres días y tres meses. Como se esperaba, una dieta alta en grasas durante tres meses resultó en problemas metabólicos, inflamación intestinal y cambios en la flora intestinal en ambos grupos de edad, reflejando los hallazgos de investigaciones previas sobre obesidad. Sin embargo, la observación crítica fue que estos cambios sistémicos no eran necesarios para el deterioro cognitivo observado en las ratas mayores. Específicamente, las ratas envejecidas exhibieron déficits de memoria después de solo tres días con la dieta alta en grasas, un período demasiado corto para inducir alteraciones metabólicas significativas. Esto indica que el cerebro es particularmente vulnerable a los efectos inmediatos de las grasas no saludables, incluso antes de que el cuerpo experimente cambios fisiológicos generalizados.

    El estudio se centró en dos tipos de memoria comúnmente afectados en la demencia: la memoria contextual, mediada por el hipocampo, y la memoria de miedo condicionado, que se origina en la amígdala. Los investigadores encontraron que las ratas envejecidas tuvieron un rendimiento deficiente en las pruebas que evaluaron ambos tipos de memoria después de solo tres días con la dieta alta en grasas, y estos déficits persistieron incluso después de tres meses. Esto sugiere un amplio impacto de la dieta en diferentes regiones del cerebro involucradas en el procesamiento de la memoria. Las pruebas fueron diseñadas para imitar los desafíos cognitivos que enfrentan los adultos mayores con demencia, fortaleciendo la relevancia de los hallazgos para la salud humana.

    Una investigación más profunda reveló cambios significativos en los niveles de citoquinas, proteínas de señalización que regulan la inflamación, dentro de los cerebros de las ratas envejecidas después de solo tres días con la dieta alta en grasas. Estos cambios indicaron una respuesta inflamatoria desregulada, un sello distintivo de la neuroinflamación. Si bien algunos niveles de citoquinas cambiaron después de tres meses, la respuesta inflamatoria permaneció anormal y los problemas cognitivos continuaron. “Una desviación de los marcadores inflamatorios de referencia es una respuesta negativa y se ha demostrado que perjudica las funciones de aprendizaje y memoria”, explicó Ruth Barrientos, autora principal del estudio e investigadora del Instituto de Investigación en Medicina del Comportamiento de la Universidad Estatal de Ohio. Esto sugiere que la cascada inflamatoria inicial desencadenada por la dieta alta en grasas pone en marcha un estado neuroinflamatorio persistente que contribuye al deterioro de la memoria a largo plazo.

    Los investigadores enfatizan que los cerebros de las ratas envejecidas parecen tener una capacidad disminuida para montar una respuesta antiinflamatoria efectiva. Si bien tanto las ratas jóvenes como las viejas aumentaron de peso y exhibieron disfunción metabólica después de tres meses con la dieta alta en grasas, las ratas jóvenes pudieron activar mecanismos compensatorios que protegieron sus cerebros de los efectos perjudiciales de la inflamación. Esta resiliencia no se observó en las ratas envejecidas, lo que sugiere una pérdida de la reserva de células cerebrales y una capacidad comprometida para recuperarse de las agresiones inflamatorias. Este hallazgo destaca la importancia de considerar los cambios relacionados con la edad en la función cerebral al estudiar los efectos de la dieta en la salud cognitiva.

    La dieta alta en grasas utilizada en el estudio constituyó el 60% de las calorías, un nivel comparable al que se encuentra en las opciones comunes de comida rápida. Por ejemplo, los datos nutricionales muestran que una doble smoky BLT quarter pounder con queso de McDonald’s o una doble whopper con queso de Burger King ambas contienen aproximadamente el 60% de las calorías provenientes de grasas. Esto sugiere que incluso las elecciones dietéticas relativamente comunes pueden tener un impacto rápido y perjudicial en la salud cerebral, particularmente en los adultos mayores. Esto enfatiza la necesidad de iniciativas de salud pública destinadas a promover elecciones dietéticas saludables y crear conciencia sobre el vínculo entre la dieta y el deterioro cognitivo.

    Barrientos y su equipo han realizado años de investigación que sugieren que el envejecimiento prepara el cerebro para la inflamación, haciéndolo más susceptible a los efectos perjudiciales de la ingesta dietética poco saludable. El estudio actual se basa en este trabajo al demostrar que esta vulnerabilidad es evidente incluso antes de la aparición de cambios metabólicos sistémicos. Al comparar las líneas de tiempo de la inflamación cerebral y la disfunción metabólica, los investigadores pudieron señalar el cerebro como el objetivo principal de los efectos de la dieta alta en grasas. “Nunca habríamos sabido que la inflamación cerebral es la causa principal del deterioro de la memoria inducido por la dieta alta en grasas sin comparar las dos líneas de tiempo”, afirmó Barrientos. Este hallazgo subraya la importancia de centrarse en los efectos directos de la dieta sobre la función cerebral, en lugar de atribuir únicamente el deterioro cognitivo a las complicaciones relacionadas con la obesidad.

    Los hallazgos del estudio tienen implicaciones significativas para la prevención y el tratamiento del deterioro cognitivo relacionado con la edad. Al identificar la inflamación cerebral como un factor clave del deterioro de la memoria, los investigadores pueden explorar intervenciones específicas destinadas a reducir la neuroinflamación y restaurar la función cognitiva. Estas intervenciones podrían incluir modificaciones dietéticas, medicamentos antiinflamatorios o cambios en el estilo de vida destinados a promover la salud cerebral. Además, el estudio destaca la importancia de la intervención temprana, ya que los hallazgos sugieren que incluso la exposición a corto plazo a una dieta poco saludable puede tener un impacto rápido y perjudicial en la función cerebral. Esto enfatiza la necesidad de medidas proactivas destinadas a proteger la salud cerebral a lo largo de toda la vida.

    Una dieta alta en grasas a corto plazo (solo 3 días) induce inflamación cerebral y deterioro de la memoria en ratas envejecidas, independientemente de los cambios metabólicos o la obesidad. Mientras que las ratas jóvenes mostraron disfunción metabólica con exposición prolongada, su memoria permaneció inafectada, lo que sugiere que la pérdida relacionada con la edad de las respuestas antiinflamatorias compensatorias es clave. Esta investigación destaca la vulnerabilidad del cerebro a los factores dietéticos incluso antes de que ocurran efectos sistémicos, instando a una reevaluación de las recomendaciones dietéticas para adultos mayores con el fin de priorizar la neuroprotección.

  • Sustituir la mantequilla por aceites vegetales se vincula a un menor riesgo de muerte prematura

    Un nuevo estudio de Mass General Brigham e investigadores de Harvard siguió a más de 200.000 personas durante 30 años para examinar la relación entre las fuentes de grasa en la dieta – específicamente la mantequilla y los aceites vegetales – y el riesgo de mortalidad. Los hallazgos sugieren que reemplazar la mantequilla con aceites vegetales como el de soja, canola y oliva puede estar asociado con beneficios significativos para la salud y un menor riesgo de muerte prematura, probablemente debido a los diferentes tipos de ácidos grasos que contienen.

    Un estudio a gran escala, de décadas de duración, realizado por investigadores de Mass General Brigham, la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard y el Broad Institute del MIT y Harvard, ha revelado una asociación significativa entre las fuentes de grasa dietética y el riesgo de mortalidad, destacando específicamente los beneficios de los aceites de origen vegetal sobre la mantequilla. La investigación, que siguió a más de 200.000 individuos durante más de 30 años, demostró que un mayor consumo de aceites de origen vegetal se vinculó con una menor mortalidad general, por cáncer y por enfermedades cardiovasculares, mientras que el consumo de mantequilla se asoció con un mayor riesgo de mortalidad total y por cáncer. Este hallazgo subraya el potencial de modificaciones dietéticas simples para tener impactos sustanciales a largo plazo en la salud.

    La magnitud de la asociación observada es particularmente notable. Yu Zhang, MBBS, investigador asistente de la División de Medicina de Redes de Channing en el Hospital Brigham and Women’s, enfatizó que los investigadores observaron un “17% menos de riesgo de muerte cuando modelamos el reemplazo de la mantequilla con aceites de origen vegetal en la dieta diaria”. Esta reducción sustancial en el riesgo de mortalidad sugiere un poderoso efecto de este cambio dietético en los resultados generales de salud. El diseño del estudio, centrado en patrones dietéticos a largo plazo en lugar de una evaluación en un momento específico, fortalece la fiabilidad y la aplicabilidad de estos hallazgos a las recomendaciones de salud pública.

    Un factor clave que impulsa los diferentes efectos para la salud de la mantequilla y los aceites de origen vegetal radica en sus distintas composiciones de ácidos grasos. La mantequilla se caracteriza por un alto contenido de ácidos grasos saturados, mientras que los aceites de origen vegetal son más ricos en ácidos grasos insaturados. Si bien numerosos estudios han investigado el impacto de los ácidos grasos dietéticos, menos se han centrado específicamente en las fuentes primarias de alimentos que proporcionan estas grasas, como la mantequilla y los aceites. Investigaciones anteriores a menudo se basaron en dietas autoinformadas en un momento específico e involucraron poblaciones más pequeñas, lo que limitó la generalización de los resultados. Este estudio abordó estas limitaciones analizando datos dietéticos recopilados durante tres décadas de una cohorte grande y diversa.

    La metodología del estudio involucró el análisis de datos dietéticos de 221.054 participantes en el Estudio de Salud de Enfermeras (NHS), el Estudio de Salud de Enfermeras II (NHSII) y el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud (HPFS). Los participantes proporcionaron información detallada sobre su consumo de alimentos cada cuatro años, lo que permitió a los investigadores estimar con precisión su ingesta de mantequilla y aceites de origen vegetal. Este enfoque integral de recopilación de datos permitió una evaluación precisa de la relación entre las fuentes de grasa dietética y los resultados de salud a largo plazo. Los investigadores se centraron específicamente en estimar la ingesta de mantequilla de diversas fuentes, incluidos los mezclas de mantequilla y margarina, la mantequilla untable y la mantequilla utilizada en la cocina.

    El análisis reveló una tendencia clara: los participantes que consumieron la mayor cantidad de mantequilla tuvieron un 15% más de riesgo de morir en comparación con aquellos con la menor ingesta. Por el contrario, aquellos que consumieron la mayor cantidad de aceites de origen vegetal exhibieron un 16% menos de riesgo de muerte. Estos hallazgos estadísticamente significativos proporcionan evidencia sólida que respalda los beneficios para la salud de sustituir la mantequilla con aceites de origen vegetal. El gran tamaño de la muestra del estudio y el largo período de seguimiento contribuyen a la solidez de estos resultados. Los investigadores tuvieron en cuenta cuidadosamente los factores de confusión potenciales, como los hábitos de vida y las afecciones de salud preexistentes, para aislar el efecto específico de las fuentes de grasa dietética sobre el riesgo de mortalidad.

    Un análisis adicional, que empleó un análisis de sustitución, proporcionó evidencia convincente del impacto potencial de los intercambios dietéticos en los resultados de salud. Este análisis imitó un ensayo de alimentación estimando los efectos para la salud de reemplazar la mantequilla con aceites de origen vegetal. Los resultados indicaron que sustituir solo 10 gramos de mantequilla por día (menos de una cucharada) con una cantidad equivalente de aceites de origen vegetal podría reducir las muertes por cáncer y la mortalidad general en un 17%. Este hallazgo subraya el potencial de incluso cambios dietéticos modestos para tener beneficios significativos a largo plazo para la salud. El autor correspondiente, Daniel Wang, MD, ScD, de la División de Medicina de Redes de Channing en el Hospital Brigham and Women’s, enfatizó que este intercambio dietético podría prevenir “un número sustancial de muertes por cáncer o por otras enfermedades crónicas”.

    Los hallazgos del estudio sugieren que incorporar más aceites de origen vegetal en la dieta diaria puede producir beneficios significativos a largo plazo para la salud. Incluso reducir ligeramente el consumo de mantequilla y sustituirla con aceite de soja u oliva puede tener un impacto positivo en la salud general. Esta recomendación práctica es particularmente relevante desde una perspectiva de salud pública, ya que destaca una modificación dietética simple y alcanzable que podría prevenir potencialmente un número significativo de muertes por enfermedades crónicas. Los investigadores reconocen que se necesitan más estudios para dilucidar los mecanismos biológicos subyacentes a estos efectos observados para la salud.

    Si bien los hallazgos del estudio son convincentes, los investigadores reconocen ciertas limitaciones. Los participantes consistieron principalmente en profesionales de la salud, lo que puede no representar completamente a la población de EE. UU. en su conjunto. Por lo tanto, los resultados pueden no ser directamente generalizables a todos los individuos. Sin embargo, el gran tamaño de la muestra y el largo período de seguimiento aún proporcionan información valiosa sobre la relación entre las fuentes de grasa dietética y el riesgo de mortalidad. Investigaciones futuras se centrarán en investigar los mecanismos biológicos que impulsan estos efectos observados para la salud, así como en explorar los beneficios potenciales de diferentes tipos de aceites de origen vegetal. Los autores incluyen a Katia S. Chadaideh, Yuhan Li, Yuxi Liu, Eric B. Rimm, Frank B. Hu, Walter C. Willett y Meir J. Stampfer de Mass General Brigham, junto con Yanping Li, Xiao Gu y Marta Guasch-Ferré.

    El estudio fue apoyado por subvenciones de investigación de los Institutos Nacionales de Salud (UM1 CA186107, P01 CA87969, R01 HL034594, R01 HL088521, U01 CA176726, U01 HL145386, U01 CA167552, R01 HL35464, R01 HL60712, P30 DK46200, R00 DK119412, R01 AG077489 y R01 NR019992). La fuente de financiación no desempeñó ningún papel en el diseño del estudio, la recopilación de datos, el análisis o la interpretación. El artículo, titulado “Ingesta de mantequilla y aceites de origen vegetal y mortalidad en mujeres y hombres estadounidenses”, fue publicado en JAMA Internal Medicine (DOI: 10.1001/jamainternmed.2025.0205). Mass General Brigham, como sistema integrado de atención médica académica, continúa uniendo grandes mentes para resolver los problemas más difíciles en la medicina, conectando un continuo completo de atención en toda su red de instituciones.

    Un estudio de 30 años con más de 200,000 personas revela que reemplazar la mantequilla con aceites vegetales (soja, canola, oliva) se asocia con un riesgo significativamente menor de mortalidad, incluyendo cáncer y enfermedades cardiovasculares. Incluso un pequeño cambio en la dieta – sustituir solo 10 gramos de mantequilla al día – podría generar beneficios sustanciales para la salud a largo plazo. Considere incorporar más aceites vegetales en su dieta – un cambio simple con efectos potencialmente profundos en su bienestar. Para una comprensión más profunda de las grasas dietéticas y la salud, explore recursos de la American Heart Association o la Harvard T.H. Chan School of Public Health.

  • Nueva molécula muestra promesa como posible fármaco contra la obesidad con menos efectos secundarios que Ozempic

    La obesidad es un problema de salud significativo con opciones de tratamiento efectivas limitadas. Los medicamentos actuales como el semaglutide (Ozempic) muestran promesa en la supresión del apetito y la reducción de peso, pero pueden tener efectos secundarios. Investigadores de Stanford Medicine han identificado una molécula natural, BRP, que parece funcionar de manera similar al semaglutide en la reducción del apetito y el peso corporal, ofreciendo potencialmente un enfoque más específico con menos efectos secundarios al activar diferentes vías metabólicas en el cerebro. Este descubrimiento utilizó inteligencia artificial para analizar proteínas complejas e identificar BRP como un candidato prometedor para futuros tratamientos de la obesidad.

    Una molécula recientemente descubierta, denominada BRP, muestra un potencial prometedor como un nuevo tratamiento para la obesidad, exhibiendo efectos supresores del apetito y reductores de peso comparables a los del semaglutida (Ozempic) en modelos animales, pero con un perfil de efectos secundarios potencialmente mejorado. Las pruebas iniciales indican que BRP logra estos resultados sin los efectos adversos comunes asociados con el semaglutida, como náuseas, estreñimiento y pérdida significativa de masa muscular. Esta distinción es un factor clave para la emoción que rodea el desarrollo de BRP, ya que sugiere un mecanismo de acción más específico.

    La diferencia fundamental entre BRP y el semaglutida radica en sus respectivas vías de acción. El semaglutida interactúa con receptores que se encuentran en todo el cuerpo – en el cerebro, el intestino, el páncreas y otros tejidos – lo que lleva a efectos fisiológicos generalizados, incluida la digestión más lenta y la regulación del azúcar en la sangre. En contraste, BRP parece actuar específicamente dentro del hipotálamo, la región del cerebro responsable del control del apetito y el metabolismo. La profesora asistente de Patología Katrin Svensson, PhD, destacó esta especificidad, afirmando que “Por eso Ozempic tiene efectos generalizados, incluida la ralentización del movimiento de los alimentos a través del tracto digestivo y la reducción de los niveles de azúcar en la sangre. En contraste, BRP parece actuar específicamente en el hipotálamo, que controla el apetito y el metabolismo”. Esta acción enfocada podría explicar el perfil de efectos secundarios reducido observado en estudios con animales.

    El descubrimiento de BRP se basó en gran medida en la aplicación de inteligencia artificial (IA). Los métodos tradicionales de aislamiento de proteínas resultaron inadecuados para identificar las raras hormonas peptídicas dentro de la compleja “sopa” biológica de subproductos de degradación de proteínas. Los investigadores se centraron en la convertasa de prohormona 1/3, una enzima conocida por estar involucrada en la obesidad humana, y su papel en la separación de prohormonas en péptidos más pequeños, algunos de los cuales funcionan como hormonas. El algoritmo de IA, denominado Predictor de Péptidos, fue diseñado para identificar sitios de escisión típicos dentro de los 20.000 genes codificadores de proteínas humanas, reduciendo la búsqueda de innumerables posibilidades a 373 prohormonas manejables. Este enfoque computacional demostró ser esencial para descubrir BRP, demostrando el poder de la IA para acelerar el descubrimiento de fármacos.

    Predictor de Péptidos identificó 2.683 péptidos únicos de las 373 proteínas seleccionadas. Los investigadores priorizaron entonces las secuencias que probablemente fueran biológicamente activas en el cerebro y cribaron 100 péptidos para su capacidad de activar células neuronales cultivadas en laboratorio. Si bien el péptido GLP-1 bien conocido exhibió un aumento de tres veces en la actividad neuronal en comparación con las células de control, un pequeño péptido de 12 aminoácidos – denominado posteriormente BRP – demostró un aumento notable de diez veces en la actividad. Esta diferencia sustancial en el potencial de activación marcó inmediatamente a BRP como un candidato prometedor para una mayor investigación, enfatizando su potente efecto sobre las neuronas reguladoras del apetito.

    Las pruebas posteriores en ratones magros y minicerdo – elegidos por su similitud metabólica con los humanos – confirmaron los efectos supresores del apetito de BRP. Las inyecciones intramusculares de BRP administradas antes de la alimentación redujeron la ingesta de alimentos hasta en un 50% en ambos modelos animales durante la siguiente hora. Además, los ratones obesos que recibieron inyecciones diarias de BRP durante 14 días experimentaron una pérdida de peso promedio de 3 gramos, casi en su totalidad atribuible a la pérdida de grasa, mientras que los animales de control ganaron aproximadamente 3 gramos durante el mismo período. Estos resultados proporcionan una sólida evidencia de la eficacia de BRP para promover la reducción de peso a través de la disminución de la ingesta de alimentos y la pérdida de grasa.

    Es importante destacar que los estudios de comportamiento no revelaron diferencias significativas en el movimiento, la ingesta de agua, el comportamiento similar a la ansiedad o la producción de heces entre los animales tratados y los de control. Esto sugiere que los efectos de BRP están específicamente dirigidos a la regulación del apetito y el metabolismo, sin causar alteraciones más amplias en las funciones fisiológicas normales. Estudios adicionales de la actividad cerebral y fisiológica confirmaron que BRP activa vías metabólicas y neuronales distintas en comparación con GLP-1 y semaglutida, reforzando la noción de un mecanismo de acción único.

    Los investigadores se centran actualmente en identificar los receptores de la superficie celular que se unen a BRP, lo que proporcionará una comprensión más profunda de sus vías de señalización y el potencial para la intervención terapéutica. También están investigando estrategias para prolongar los efectos del péptido en el cuerpo, con el objetivo de desarrollar un programa de dosificación más conveniente para los pacientes humanos. Svensson enfatizó la urgencia de esta investigación, afirmando que “La falta de fármacos eficaces para tratar la obesidad en humanos ha sido un problema durante décadas”.

    El equipo de investigación, compuesto por científicos de Stanford, la Universidad de California, Berkeley, la Universidad de Minnesota y la Universidad de Columbia Británica, ha asegurado fondos de los Institutos Nacionales de la Salud, el Programa de Investigación Traslacional SPARK en Stanford, Stanford Bio-X, el Instituto de Investigación en Salud Materna y del Niño de Stanford, la Asociación Americana del Corazón y varias fundaciones. Svensson y Coassolo son titulares de patentes relacionadas con los péptidos BRP para trastornos metabólicos, y Svensson es cofundadora de Merrifield Therapeutics, una empresa preparada para lanzar ensayos clínicos del molécula en humanos en un futuro cercano.

    Investigadores de Stanford descubrieron BRP, una molécula natural con efectos supresores del apetito y reductores de peso comparables a los del semaglutida (Ozempic), pero potencialmente sin los efectos secundarios comunes. Utilizando inteligencia artificial, identificaron BRP dentro de las prohormonas, activando vías metabólicas distintas en el cerebro. Estudios en animales demostraron una pérdida de grasa significativa y una mejor tolerancia a la glucosa. Se planean ensayos clínicos para evaluar la seguridad y eficacia en humanos, ofreciendo una nueva vía prometedora para el tratamiento de la obesidad. El éxito de esta investigación destaca el potencial de la IA en el descubrimiento de fármacos y subraya la necesidad de continuar explorando moléculas naturales para combatir los trastornos metabólicos.